domingo, 23 de agosto de 2009

La misma historia desordenada

CAPITULO II
El negro corrió hacia el y abrazándose de sus pies le dijo estridentemente:
-Ella no existe hermano... ¿Quién soy yo? ¿QUIEN RAYOS SOY YO?Justificar a ambos lados
El joven, impasible, le respondió:
-Me importa un bledo, deja de molestar...
Acto seguido, tomó las palabras que el otro sujeto había escrito días antes, y se marchó del mísero edificio vacío, en el que solo había cenizas, un pequeño escritorio, y un colchón bastante dañado.

CAPITULO III
Un joven estaba sentado en un salón de clases vacío, aparentemente pensando, siempre que se encontraba solo lo hacía, y desdeñaba al mundo desde su asiento. Recargando su cabeza en el respaldo de la silla, miraba con enojo al mundo através de su imaginación, juzgando como si él mismo fuera el creador. Era un cretino. Era un egocéntrico. Era soberbio, y sin embargo, no tenía la genialidad suficiente como para ser todas estas cosas y ser querido a la vez. Pero su ego era grande, y no le importaba.
En ese momento notó que la puerta llevaba un buen rato sin moverse, en ese momento no le dió importancia, porque ya había notado que la puerta nunca se movía, no la de ese salón.
Paso un rato hasta que notó la relevancia de este suceso dentro de su mente... ¿Porqué? Porque nuestro personaje nunca se fijaba en esos detalles, pues decía que eran demasiado insignificantes, pero esta vez, y al parecer desde hacía tiempo, lo había notado.

CAPITULO IV
Fue muy molesto, estaba absorto en su sueño, y ese molesto ruido, ese maldito "BEEP BEEP" de su reloj realmente lo sacaba de quicio.
Más tarde se vió al espejo, tenía ojeras, el reloj estaba descompuesto, y cada día sonaba demasiado temprano, y el sonido retumbaba en sus oidos, por lo menos durante un par de horas.
Era la gota que derramaba el vaso, ya que después de despertar, no lograba volver a conciliar el sueño, y llevaba siete años durmiendo 3 horas al día, que aunque no era nada que un trabajador con salario mínimo no soportara, él de hecho no podía.
Se preguntarán porqué a esas alturas el reloj seguía en su buró y no estaba en la basura, bueno... es lo que llamo... valor sentimental. Se lo había dado una mujer, y no, no la amó, no era su madre, tampoco su hermana, vamos, ni siquiera una amiga. Era una mujer pobre, a cuya hija él compró un helado(clásico).
FLAAAAAAASHBAAAAAAACK(clásico)
-Señor, ¿me compra un helado?- Dijo la pequeña cuando él llego al puesto de helados.
Él vaciló, y tuvo una idea que solo alguien con una mente como la suya (tal vez tú, mi apreciado lector) concebiría. Mientras compraba el helado para la chiquilla, se le acercó una mujer moribunda y le agradeció por ello, dándole un reloj.
Él tomó el reloj, pagó el helado, lo tiró al suelo, se burló de la niña y se fue.

Despues de este gradable recuerdo, llevó a arreglar el reloj.

----------------------------------------------------------------------------------------------

Verán que estos capítulos no tienen nada que ver uno con otro, pero son una especie de cuentos cortos que se pueden unir una vez contados todos. Sé que pueden no tener mucho sentido, pero usen su imaginación, y algo identificarán.

jueves, 20 de agosto de 2009

Una historia muy desordenada a la que no he puesto título.

CAPÍTULO I
Este sujeto se llamaba... mejor no les diré su nombre, solo les diré que era muy feo, es más...¿Porqué empezar haciendo presentaciones? No, eso es de historias trilladas, ¿Porqué hacerlo si puedo empezar por lo que les quiero contar?Voy a empezar por el clímax, asi me ahorraré las sorpresas, sí... eso sí es interesante.
-------------------------------interludio-----------------------------------------------
En ese instante descubrió que se había convertido, o más bien, que desde siempre habia sido lo que llevaba una vida juzgando, era uno de esos sujetos disfrutando del mito de la multitud, de esos que llenaban a otros de prejuicios contra los que eran diferentes. Gracias a ese hongo aquel día de febrero. El día que comenzó a pensar antes de hablar, o de pensar en lo que iba a pensar justo antes de concebirlo.... y no concebirlo al final.
Desde ese día aprendió a mirar todo desde todos los ángulos posibles, y se decidió a dejar esas cosas mundanas a las que me he referido por nombres rebuscados para poder sonar intelectual, que en realidad sólo eran... la moda y el hecho de discriminar; descubrió que eran cosas banales(superfluas(si nisiquiera esa palabra te sonó, buscalo en un diccionario)). Sí, acababa de obtener la iluminación, en otras palabras, se había transformado indirectamente en un budista.


Sé que no es muy seria, ni demasiado interesante, y que el capítulo es muy corto, pero fue una historia concebida en 23 partes cortas, muy desordenadas, y que les iré revelando poco a poco.