miércoles, 19 de agosto de 2015

Reflexionando sobre la guerra de los sexos

Hace unos días empecé a ver en las redes sociales una campaña con el hashtag "Don't mancriminate". Para quien no esté familiarizado con esto, se trata de imágenes con textos alusivos al rol del hombre en la pareja, la familia y la vida diaria. Quejándose de las obligaciones que se nos han asignado por ser el "sexo fuerte". Y al parecer muchas personas han fallado al entender el punto. Esto no es una campaña machista, ni un intento de atacar al feminismo. Como yo lo veo, es una pugna CONTRA el machismo. En esta entrada no busco cambiar la opinión de nadie, solo compartir mis propias reflexiones.

Muchas personas creen que por vivir en una sociedad machista las únicas afectadas por esto son las mujeres. Pero de nuevo fallan al entender el punto. El machismo nos afecta a todos. Sí, las mujeres sufren con trabajos no tan bien remunerados, sí, tienen que soportar miradas lascivas en el transporte público, sí, muchas veces no son tomadas en cuenta, sí, si son maltratadas o abusadas tienen que presenciar la impunidad en todo su esplendor, y sí, encima de todo la sociedad les asigna un rol de servicio para con los hombres. Son problemas bastante fuertes, y efectivamente deben ser arreglados, y se les debe poner atención. Pero... ¿Qué hay de los hombres? El machismo también nos afecta. Hablo como un hombre que lo ha sido al menos desde hace más de veinte años.

El machismo nos ha obligado a tener una imagen de nosotros mismos que además de ser contradictoria, está arraigada en nosotros al grado de que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que estamos actuando conforme a ese modelo que nos inculcaron desde pequeños: El hombre debe proveer. El hombre debe tener la iniciativa. El hombre exitoso tiene muchas mujeres. El hombre debe ser caballeroso. El hombre debe hacer las cosas pesadas de la casa. El hombre manda en su casa.

¿Qué adjetivos le pones a un hombre que se casó con la primera mujer con la que tuvo una relación, que prefiere hacer el quehacer, que hace la comida y deja que ella lo mantenga, y tome las decisiones? Nadie lo va a bajar de perdedor, por no haber buscado más, o de bueno para nada, mandilón, y porqué no, hasta afeminado  (Y ojo, no es porque el hacer cosas de mujeres sea un insulto, precisamente quiero enfatizar eso, que la sociedad nos enseña que un hombre feminizado no es digno, cuando los roles que se asignan al hombre o a la mujer realmente son ambiguos, y cualquiera de los dos los puede realizar).

Otro asunto que me molesta de sobremanera es la dichosa "caballerosidad". Un hombre no es más hombre por hacerle pequeños favores a una mujer. Ni tampoco lo es por maltratarla. Un hombre ni siquiera debería buscar ser más hombre. Debería buscar ser más humano. Y se es más humano cuando se trata a la mujer como una persona, sin más ni menos. Si se es amable con una mujer, debe ser porque se le ve como una persona, no porque es una mujer y como es débil le cedo mi asiento, ni porque es mujer y como quiero simpatizarle le abro una puerta.  Si vas a abrir puertas y ceder asientos, hazlo con las personas. ¡Todo esto también va para ustedes mujeres! Qué no daría yo porque una persona o dos me abrieran la puerta por pura amabilidad o me cedieran el asiento porque me veo cansado.

Podría seguir enlistando todo lo que socialmente un hombre tiene que aguantar. Y los más triste es que son cargas impuestas por la propia cultura machista en la que vivimos. No es algo de lo que nos podamos desprender cómodamente. Ni algo que siempre hagamos gustosamente.

La guerra de los sexos no es algo sencillo de entender. Para empezar ni siquiera debería ser una guerra. No hay bandos aquí. Si lo que queremos es igualdad, no podemos vernos como entes separados por tener un pene o una vagina. Seguimos siendo personas y como personas nos debemos tratar.